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Pérdida y esperanza

la luz al final del tunelLa película Blue Jasmine de Woody Allen relata la historia de una mujer caída en desgracia. La trama resulta muy familiar si se ha estado atento al telediario en los últimos tiempos y da para varias entradas. Sin embargo no quiero destripar a nadie el desarrollo de la película, así que me centraré en lo que aparece en la sinopsis, una mujer muy bien posicionada que de golpe pierde todos los pilares de su vida; su marido, su hijastro, su situación económica privilegiada y su posición en la alta sociedad neoyorquina.

Una de las consecuencias más evidentes de la crisis ha sido el empobrecimiento de la sociedad, lo que ha hecho que la gente tenga que acostumbrarse a vivir de forma distinta a cómo lo hacía anteriormente. Cada uno en su mundo y con sus circunstancias.

El hecho de tener que pasar de una situación económica determinada a otra menos favorable supone un reajuste difícil de afrontar para muchas personas, nos cuesta renunciar a cosas que antes dábamos por sentadas, tener que volver a empezar sin caer en la resignación, aceptar el dolor por la pérdida y afrontar el miedo al futuro son escenarios que generan emociones difíciles de gestionar.

Las personas suelen asociar el duelo con la pérdida de los seres queridos, por su universalidad y magnitud es este un tipo de duelo muy relevante y tal vez el más doloroso, sin embargo no es ni mucho menos el único, la pérdida de un trabajo, de una pareja o de una forma de vivir también implican un proceso de duelo, a veces desgarrador.

En el trance que vivimos actualmente hay muchas personas sufriendo este tipo de duelo, algunas piensan que no tienen derecho a sentirse mal porque aún conservan algunas piezas de su vida anterior, su casa, sus empleos… otras simplemente creen haberlo perdido todo, sea cual sea el caso, es importante ser consciente de que es legítimo sentirse mal, hay que permitirse sentir el dolor para poder superarlo y mirar hacia el futuro. Es natural atravesar por diferentes fases durante el duelo, aprender a adaptarse a una nueva situación no deseada requiere tiempo, reflexión y apoyo.

El problema es que el futuro está plagado de miedo. El miedo provoca parálisis y evitación, por eso es importante reconocerlo, aceptarlo y desarticularlo, dejar que el miedo nos domine no mejorará nuestra situación sólo la empeorará. Ignorar la existencia de las emociones “negativas” es darles poder sobre nosotros. Los cambios son siempre dolorosos cuando son hacia peor y refugiarse en el pasado puede ser peligroso.

Por eso, más que nunca hay que encontrar la esperanza, al fin y al cabo el presente es lo que somos y el futuro, por difícil que sea, es lo único que podemos esperar.

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