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El hormiguero humano

El hormiguero“AntZ” trata sobre Z, una hormiga que se siente alienada en la asfixiante sociedad del hormiguero, en esa película se muestra con inteligente sentido del humor lo que implica la lucha por mantener el equilibrio entre las demandas del grupo social y los deseos individuales.

Un principio habitual de la antropología consiste en decir que el ser humano es una criatura social, cuando oigo esta afirmación no puedo dejar de pensar en las hormigas que corretean en busca de alimento para su reina. Los insectos sociales muestran que no es necesario un grado elevado de desarrollo cerebral para constituir una sociedad compleja en la que la interdependencia sea el principio rector.

Por supuesto la sociedad humana es infinitamente más elaborada que la de las hormigas, termitas o abejas, esto es en parte porque el ser humano no es exclusivamente una criatura social.

Existen al menos dos niveles desde los que puede ser analizada una persona, el intersubjetivo y el intrapsíquico. El nivel intersubjetivo se corresponde con la dimensión social del ser humano, comprende los vínculos que establece, la forma de relacionarse, de ver al otro y de verse a si mismo en relación con el otro.

Lo relacional es fundamental en el desarrollo del ser humano; la adquisición del lenguaje, el desarrollo de la sexualidad, de los afectos, la construcción de la autoestima y un larguísimo etcétera dependen directamente del establecimiento temprano de buenos vínculos y de la estimulación que recibe el niño procedente de los otros.

Como criaturas sociales estamos apegadas a nuestros grupos de referencia, las personas muestran niveles variables de necesidad de pertenencia al grupo. El grupo es un elemento tremendamente heterogeneo, puede ser la propia familia, una pandilla de amigos, una congregación religiosa, un partido político, una secta peligrosa o un inofensivo club de lectura. Todos estos diferentes grupos pueden cumplir la misma función: satisfacer la necesidad de pertenencia de sus miembros. Sin embargo, a cambio de satisfacer esa necesidad no todos los grupos demandan lo mismo. Un grupo bueno para el individuo cumplirá funciones de seguridad, apoyo y pertenencia sin exigir a cambio el sacrificio total de la individualidad de sus miembros. Nadie puede desarrollar plenamente su potencial si descuida lo relacional, pero tampoco lo hará renunciando a su propio mundo interior, a su pensamiento, a sus deseos o a sus emociones, a sí mismo, en definitiva.

Porque un grupo muy invasivo probablemente te aportará seguridad y protección pero a cambio puede anularte. La consigna debe ser “disfruta de los demás sin perderte a ti mismo en el camino”.  Y si no, pregúntale a Z.

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