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Adiós a Berlín. El nacimiento del odio

adiós a BerlínAcabo de terminar de leer Adiós a Berlín de Christopher Isherwood, el libro en el que están basados el musical y la película Cabaret. En la novela – autobiográfica – se narra de forma indirecta, a través de los ojos de un escritor extranjero residente en Berlín, la lenta transformación de la libertina Alemania de los años 20 en el tercer Reich.

El nacimiento lento e inexorable del odio

He decidido escribir sobre esto porque creo que estamos de nuevo en un proceso histórico de profundos cambios sociales y políticos. Vivimos una época de terrible crisis económica, con una total pérdida de confianza en la clase política, corrupta a todos los niveles, y en la que resucitan, directos desde el más allá, los más caducos nacionalismos, la xenofobia y el odio hacia lo diferente.

Hablo, por supuesto, desde una perspectiva europea, ya que, teniendo en cuenta las sinergias e interdependencia actuales entre los diferentes países de la Unión creo que es el mejor ángulo desde el que puede interpretarse actualmente nuestra realidad.

El radicalismo, sustentado en la situación límite que estamos viviendo, gana cada vez más apoyo popular tras inteligentes lavados de imagen. Algunos, sin embargo empiezan a mostrar su verdadera cara, la semana pasada, por ejemplo, me sorprendió ver en las noticias un desfile paramilitar en las calles de una de las más importantes ciudades centroeuropeas.

Una de las cosas que más me inquietan cuando leo sobre la época de entreguerras es ¿Nadie lo vio venir? ¿Cómo puede ser que no se diesen cuenta de lo que se les venía encima? ¿Por qué no huyeron antes de que fuese demasiado tarde?

Está claro que un gran número de personas pudieron escapar pero muchos otros permanecieron en sus casas. Algunos no fueron admitidos en otras naciones, otros no tenían dinero o contactos suficientes y un buen número de personas directamente no quería abandonar el que consideraban su país.

Y por supuesto, muchos de los que no huyeron sencillamente no eran conscientes de la magnitud del odio que les perseguía.

A veces me pregunto si un odio similar no estará hoy dando sus primeros tímidos pasos, en nuestra utópica y aparentemente fallida Unión Europea, y si no nos estaremos dando cuenta.

A continuación siempre pienso que todavía hay muchos motivos para tener esperanza, que hemos aprendido algo del pasado y que las crisis pasan, en cualquier caso no está de más mantener despierta la atención.

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